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El legítimo sueño de los siete puntos

El legítimo sueño de los siete puntos

El presidente del Real Madrid sueña con regresar de Barcelona con siete puntos de diferencia. Igual que Calderón, también Mijatovic y su equipo de trabajo viajaron convencidos de que el Madrid se encuentra ante la ocasión de dar el gran salto hacia el título. No saldrá de sus bocas una palabra de euforia, ni un pronóstico arrogante. La sensación de que algo grande puede ocurrir a favor del Madrid es intimista, de uso interno, ha corrido de boca en boca por el Bernabéu durante la semana. Es una especie de entusiasmo retenido, una apuesta legitimada en la evidencia de la buena onda del Madrid y la irregularidad azulgrana. Más aún, la baja desafortunada de Messi por lesión multiplicó el optimismo de Calderón y de toda su gente. Le tenían pánico.

Calderón está confiado y tiene razones. Se jugó el pellejo dando el pasaporte a Capello para apostar por Schuster y en Nochebuena podría estar a siete puntos del segundo clasificado. El presidente merece reconocimiento por esta decisión. De salir mal, ya le habrían despellejado. Pero no ha sido así. Schuster ha traído al Madrid lo que se esperaba y aún hay recorrido para mejorar. Así es más fácil saltar al césped del Camp Nou. Sin jugarse la vida, sin arriesgar la temporada. El Barça anda en guerrillas pseudogalácticas, en crisis de identidad y bajo la sospecha del socio. Cómo ha cambiado el cuento. Hoy el Madrid puede soñar con dar el "puñetazo en la mesa" (palabra de Calderón) porque el proyecto es sólido y el ánimo del club está por las nubes.

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