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Sobre la sonrisa de Cannavaro

Sobre la sonrisa de Cannavaro

Según recuerda el profesor Richard Wiseman (Rarología, 2007) fueron necesarios experimentos con cadáveres (estimulación facial eléctrica) para distinguir una sonrisa sincera de una sonrisa forzada. Los primeros estudios al respecto datan de finales del siglo XIX y tenían por objeto descifrar uno de los gestos más característicos del ser humano. La conclusión, después de un sinfín de calambrazos, fue la siguiente: la sonrisa verdadera, a diferencia de la fingida, activa los músculos que rodean a los ojos, de manera que quien sonríe de veras no puede ocultar las patas de gallo.

Ahora observen la sonrisa de Cannavaro y compárenla con otras que se encontrarán en este periódico. Efectivamente, esta es auténtica. Y si se preguntan a dónde quiero llegar, ya están cerca de saberlo. Pretendo explicar la fatal seducción que ejerce Cannavaro incluso sobre sus más enconados críticos. Sus variopintos errores se alivian siempre cuando Cannavaro comparece y sonríe. Entonces ellas caen y ellos dudan. Si Spasic hubiera tenido esta habilidad aún seguiría de blanco. El Bello Predrag, le llamaríamos.

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