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Aclamado con lluvia y nocturnidad

Aclamado con lluvia y nocturnidad

Raúl cogió su neceser, subió la cremallera de su cazadora hasta el cuello para combatir el fresquito de la madrugada y abandonó el Bernabéu en su Audi A8. Pasaban tres minutos de la 1:30. Lluvia pertinaz en Madrid, con la afición eufórica y felizmente refugiada en sus casas tras la exhibición de su equipo en el clásico ("fue un pasillo y un repasillo", como me dice un amiguete mío). Pero no todos los hinchas habían abandonado el santuario a pesar de la hora y la climatología. Casi 300 espartanos de la causa blanca esperaban pacientes la salida del capitán, de su Leónidas particular. Al atisbar por la ventanilla del coche que era él, rompieron el sonido del agua contra el asfalto al grito unánime de moda: "¡Raúl, Selección! ¡Raúl, Selección!". El ejemplar 7 del Madrid (esa condición no se la puede quitar nadie) sonrió orgulloso. Sabe que no está solo y que el pueblo está, mayoritariamente, de su parte...

Por eso Raúl no quiere pensar aún en las vacaciones. Si por él fuera, jugará en Zaragoza y ante el Levante. Le faltan dos goles para llegar a los 20 en Liga y no parará hasta lograrlo. De momento, puede presumir de liderar un Madrid histórico: desde la temporada 1983-84, hace 25 años, los blancos no ganaban los dos clásicos en el Camp Nou y el Bernabéu. Raúl sobrevivió a la Galaxia para recuperar sus galones. Con o sin Eurocopa. Luis, medítalo.

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