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Si no es un pulso, es una vergüenza

Si no es un pulso, es una vergüenza

Es posible que, acorde con su carácter desafiante, jactancioso e irascible, Joan Laporta haya decidido echarle un pulso a Joseph Blatter, encorajinado por sus coleguitas de la ECA, el antiguo G14. Difícil asunto para salir bien parado: Blatter puede regalarte una cabeza de caballo si le tocas los intereses, y Laporta podría cerrarse las puertas de sus enormes apetencias de poder si consigue incordiar al capo de la FIFA.

Por lo tanto, cabe pensar que Laporta no se va a disparar en un pie, que preservará su carguito en la Comisión Económica de la FIFA y que esto de no dejar viajar a Leo Messi a los Juegos Olímpicos de Pekín pasa por otro lado. Debe ser, por tanto, un justo afán de querer contar con los mejores jugadores para afrontar la eliminatoria previa a la Champions League. Una competición que, si ya permite la entrada de equipitos de mediopelo que duran hasta la ronda de octavos de final, ahora mismo acoge a la morralla del fútbol continental.

Por lo tanto, si Laporta y el Barça no le están echando un pulso a la FIFA (y, de rebote, al Comité Olímpico Internacional), sólo cabe calificar su actitud de vergonzosa. Porque es una vergüenza que un club del historial y el potencial económico del Barça se humille hasta estos fangos (y arrastre a ellos al jugador) por el temor de una eliminación prematura en lo que no pasa de ser un torneo veraniego. ¡Pero si lo tendrá más difícil en el Gamper, contra Boca! El problema, como siempre, es el cagómetro, que este año ha nacido prematuro.

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