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Yo digo José Víctor Fernández

El equipo que no sabía empatar

José Víctor Fernández

Estaba previsto que el rocoso Valladolid no iba a ser el mismo en Liga que en el primer envite copero. Y así fue. Mendilibar sacó su once de gala y se notó. Pero el Sporting recurrió a sus más valorados méritos: líneas juntas, presión y velocidad celérica en las salidas. Así llegaron los goles en dos contragolpes, el primero de Carmelo, con cesión de Barral; y el siguiente, cambiando los roles. El Molinón estalló. El partido estaba favorable y el tercero parecía en camino. La labor de Neru y Camacho, y sobremanera de Míchel, arrollaban. Canella recorría su banda reiteradamente con la complicidad de Diego Castro. Hubo preciosismo, lucimiento y ocasiones, pero goles, lo que se dice goles, nada. El tercero no llegaba. Pucela, con uno menos, aguantaba.

Luego, tras el descanso, más de lo mismo. Más ocasiones, apuros para los visitantes, pero el encuentro seguía abierto. Ellos lo fiaban todo a la estrategia. No era buen prólogo para el tercer encuentro en tan poco tiempo que los vallisoletanos volvieran con la segunda derrota bajo el brazo. Demasiada moral para el Sporting. Pero así fue, aunque hubo que sufrir. El susto en forma de tanto de García Calvo (a balón parado, claro) duró los segundos que faltaban para la conclusión, porque si algo está claro es que este Sporting de Preciado no quiere, y parece que tampoco sabe, empatar. Partidos de tres puntos o derrotas. Que empaten otros. Fútbol abierto y poco especulativo. Desde el centro del ring. Que se lo pregunten al Valladolid. Y ahora, otra vez, la Copa.