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Yo digo Tomás Roncero

Esta noche dormiremos a un puntito

El aperitivo del clásico casi se me indigesta. Menos mal que por allí apareció Iván Pérez, el hermanísimo de Alfonso, para hacer justicia y firmar unas tablas (7-7, ¡homenaje a Raúl!) que pusieron en pie a 10.000 entusiastas que nos recordaron que un Madrid-Barça no entiende de edades. Los veteranos han encontrado en esta magnífica Liga Indoor un motivo para seguir enganchados a la llama bendita del fútbol. El trabajo de Álvaro Garrido, un soñador con talante y talento, sirvió para que el Palacio de Goya dibujase una matinal que nos descubrió un deporte electrizante, sin tregua y dinámico que mantiene la atención de todos. Hasta de los peques, que disfrutaron en las gradas con tantos chutazos, goles, vicegoles, postes, paradones de Buyo y Bonano...

En realidad, el Madrid-Barça Indoor fue un simulacro de lo que nos esperará esta noche en la caja mágica del Bernabéu. Los azulgrana tienen mejor porte y más nombre (Nadal, Sergi y Milla están en perfecto estado de revista), pero los míos tienen un coraje que los convierte en seres invencibles. Buyo vuela como Buzz Lightyear, Karanka no ha perdido la elegancia y la zurda de Amavisca siempre llama dos veces, como el cartero de Jack Nicholson y Jessica Lange. Los hermanos Pérez fueron dos diablillos que amargaron la mañana a Busquets, el padre de Sergio, el pitbull canterano de Guardiola. Con Di Stéfano, Pachín y Zoco en la banda, se remontó un 0-3 y un 2-5. Así es el Madrid de siempre: irreductible. Hoy se acostarán a un solo puntito. ¡A por ellos!