Opinión

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Yo digo | Alfredo Relaño

Y encima a Contador le dio pena Klöden

Contador distanció ayer de forma definitiva a Klöden y a Armstrong, dos buenos contrarrelojistas. En lugar de estar feliz por ello estaba triste ("tengo un sabor agridulce") porque su ataque en La Colombière descolgó a Klöden de la rueda de los Schleck, alejándole del podio. Me parece que Contador es demasiado bueno, bueno hasta lo bizcochón. Está corriendo sin equipo, Klöden y Armstrong tiraron del paquete de aspirantes en su persecución el día de Verbier y ayer mismo el alemán iba a su rueda, sin más interés que el mezquino de salvar su improbable lugar en el podio del ataque de los Schleck.

Pues con todo y eso, cuando a tres kilómetros de coronar La Colombière saltó y dejó a los hermanos luxemburgueses, le hicieron parar porque Klöden se quedaba. Y paró, se dejó alcanzar y remató la ascensión mirando preocupado hacia Klöden que, por cierto, en la meta perdió dos minutos, lo que demuestra que no está para muchos trotes. La fatuidad de Bruyneel, que quería acaparar el podio con su Armstrong y otros dos, de los que uno inevitablemente sería Contador, no tenía base, pero ha llegado a esa aberración: el maillot amarillo, ganador de Tour, preocupado de un descolgado.

Buenazo que es Contador, que no le debe nada a este equipo. Por fichar con estos se quedó sin correr el pasado Tour. Por andar con estos ha hecho el Tour solo, sin más amigos que los que se hizo ayer, los inseparables hermanos de la tierra de Charly Gaul. Armstrong le ha hecho guerra sicológica y de la otra. Klöden no le ha servido para nada. Bruyneel ha jugado las cartas para cualquier cosa menos para que ganara Contador este Tour. Bueno, pues a mayor gloria de ese contubernio sacrificó la posibilidad de una victoria en solitario y de amarillo, que son las más hermosas. En fin, cosas veredes, Nicomedes.