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Laporta pierde lo que el Barça gana

Laporta pierde lo que el Barça gana

El Barça viajó ayer a Abu Dhabi, en busca de su sexto título del año, el que le serviría para completar la colección. Apuesten a que lo conseguirá, porque es mejor que cualquier equipo que se pueda encontrar ahí. Este Barça es un suceso en la historia del fútbol. Más allá de las críticas que desde aquí hacemos a la forma en el que el villarato le pone alfombras para que pise más blando, a este Barça hay que reconocerle una categoría de fábula. Su fútbol es bello, aunque para deleitarse con él haga falta cierta paciencia, como dijo Pellegrini. Tiene escuela, tiene fenómenos, tiene estilo, tiene a Guardiola.

Pero tiene también, ¡ay!, a Laporta, convertido en una caricatura. Termina su mandato y está haciendo esfuerzos exagerados por erigirse en una especie de Espartaco con barretina. No los hacía antes. No llegó al Barça reclamándose de feroz independentista. Incluso metió en el club a un cuñado de la Fundación Francisco Franco. Pero según se acaba su mandato, en el que ha tenido la suerte de que Mourinho le dijera que no, Guardiola le saliera bueno y en los años anteriores la casa hubiera cocinado una excelente generación de canteranos, Laporta quiere ahora un nuevo lugar en la sociedad.

Lo tendrá, al menos, en esos programas de televisión que consumen extravagantes a gran velocidad. En la política, no lo sé. Cataluña no se hunde, contra lo que él dice, la asistencia a la consulta de ayer no permite pensar que la ciudadanía esté demasiado desesperada. El común de los ciudadanos de Cataluña prefiere, muy razonablemente, disfrutar con un Barça en la Liga española capaz de aplastar al Madrid que seguir a estos 'somiatruites' que no les podrían acarrear otra cosa que antipatías entre los vecinos. El Barça gana mucho en el campo, pero Laporta derrocha demasiado fuera.

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