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Yo digo Sebastián Álvaro

¿No cree que debería bañarse?

Vaya estupidez que he hecho!", declaró al pisar tierra. Esa "estupidez" había consistido en cruzar el Atlántico remando durante 180 días. Quien demostraba tan buen sentido del humor -o quizá un repentino ataque de sentido común- después de una travesía infernal enfrentado a tormentas, tiburones y un esfuerzo inhumano, tanto físico como mental, era el británico John Fairfax, que acaba de fallecer a los 75 años. Lo del ataque de sentido común no fue, por fortuna, permanente, pues dos años después fue el Pacífico el que cruzó a remo. Sin duda, Fairfax merece un puesto en el Olimpo de británicos excéntricos, un raro y divertido linaje por el que (junto a los exploradores españoles del siglo XVI) siento particular debilidad, y que está lleno de personajes, reales o ficticios, fascinantes.

Entre los segundos cómo no acordarnos de Peachy Carnehan y Daniel Travot que a punto estuvieron de ser reyes del remoto Kafiristán gracias a la pluma de Kipling, quien los hizo protagonistas de El hombre que pudo reinar. Inolvidable la respuesta de Travot cuando le pregunta un jefe local si son dioses. "Dioses no, somos ingleses que para el caso es lo mismo". Y fue también Kipling quien bautizó a otro de esos magníficos chiflados (esta vez real: era un compañero de internado), made in Great Britain con el apodo de Stalky, y lo hizo famoso al escribir sobre sus aventuras en el colegio en Stalky y compañía.

El bueno de Stalky llegó a ser el general Lionel C. Dunsterville, líder de una columna de soldados de élite que, durante la 1ª Guerra Mundial, cruzaron Persia para evitar la invasión de la India por tropas rusas y turcas. Fue una enorme demostración de liderazgo y capacidad logística. Pero quien lea su libro Las aventuras de Stalky lo que encontrará será un enorme sentido del humor -mucho a su costa-, y gran capacidad de observación, que luego desarrollaría en una larga vida de explorador y viajero.

Humor ácido, sentido autocrítico y ganas de explorar el mundo es el nexo en común de estos británicos. Como el superior que recibió en la India a Francis Younghusband, uno de los impulsores de la escalada del Everest, al regreso de su periplo por China y el Karakorum, espiando para su Graciosa Majestad. Cuando se presentó a su superior en Srinagar, después de penalidades y muchos meses en condiciones extremas, se puso a contarle que era el primer europeo en atravesar el desierto de Gobi y el temible collado Muztagh. El superior, típico militar británico disciplinado y estirado, se le quedó mirando y después de una pausa le dijo "¿No cree que primero debería bañarse?".