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Yo digo Sebastián Álvaro

La misma sustancia que los sueños

Ferrán Latorre está otra vez en el Everest.­ Lo interesante de esta noticia está, a mi parecer, en ese otra vez, porque conoce de sobra la montaña más alta de la Tierra. No en vano, éste es su sexto intento. En varios de ellos podría haber hecho cumbre utilizando botellas de oxígeno pero Ferrán no quiere esa cima, ni ninguna otra que haya intentado o conseguido, a cualquier precio. Como él ha confesado en alguna entrevista, se considera un hombre de cimas, alguien a quien le sigue atrayendo por encima de todo pisar ese metro cuadrado desde el que ya no es posible seguir subiendo, ese minúsculo lugar que simboliza todo el esfuerzo y pasión que requiere subir una montaña. Pero quiere alcanzarlo de acuerdo con unos principios éticos, de limpieza y pureza de medios en los que, por ejemplo, el uso de oxígeno suplementario no tiene cabida. De no ser así, hace tiempo que podría contar con la cima más alta del mundo entre sus conquistas.

Siempre ha vivido la montaña como algo personal, marcando los límites y asumiendo las consecuencias. Se autodefine como himalayista, porque asegura que los tiempos como alpinista de élite han pasado para él. Yo no estoy de acuerdo; se es o no se es alpinista hasta el final de nuestros días. Se cambia de muchas cosas pero nunca de pasiones. Ferrán ha trabajado mucho tiempo para ayudar a otros amigos, como Juanito Oiar­zabal o Edurne Pasaban, a conseguir hacer realidad sus sueños. Nunca se ha lamentado, pero ahora se ha planteado un nuevo desafío. Le toca a él. Quiere conseguir los catorce ochomiles y contarlo con sus palabras y sus imágenes. Con nosotros, en Al filo, comenzó a llevar una cámara demostrando pronto un gran compromiso con ese trabajo tan sacrificado, en el que demostró un talento poco habitual para conseguir imágenes únicas de la aventura que estábamos viviendo.

Además es uno de esos raros alpinistas españoles, leído y amante de la música, al que igual le puedes invitar a escalar una vía en las paredes del Valle de Ordesa que a una recepción con el presidente del Gobierno. En ninguno de los dos sitios te va a defraudar. En muy pocos días, Ferrán volverá a recorrer la cara norte del Everest con un poema de Shakespeare guardado en la mochila con la intención de dejarlo en la cumbre. Es un poema que ambos amamos y que elegimos hace doce años y en el que se afirma que "somos de la misma sustancia de los sueños". Es una cuenta que tenemos pendiente, con Mallory, con Irvine, con todos aquellos grandes aventureros románticos y con todos los que creemos que el alpinismo es algo más que un deporte. Le deseo la mejor de las suertes. Se la merece.