Yo digo Juan Cruz
Comienzo de los desniveles
Todos los campeonatos de fútbol enseñan sus dientes cuando aún están en la fase infantil. Es evidente que Rusia forma parte de la vanguardia futbolísitica europea en este momento. Es difícil concebir que los griegos, que van cuesta a bajo en la rodada, le planten cara en un partido en el que la inteligencia y la potencia podrán más que el azar que busca el equipo griego. Rusia ha conseguido de la velocidad de Dzagoev una mina de la que depende todo el conjunto. Una escapada suya vale más que mil palabras. Las selecciones que están aspirando a los cuartos de final miran a Rusia, jamás miraron a Grecia.
En este periodo de descartes, los muy aficionados al fútbol, tan sólo ellos, tendrán interés en ponerse ante la pantalla de televisión para reivindicar lo poco de fútbol que tiene Polonia y la escasez imaginativa del equipo checo. Los he visto en otras contiendas y en ningún momento han llegado a cubrir las expectativas que los que amamos el fútbol nos hacemos antes de sentarnos a mirar. Claro que estamos muy mal educados, por lo menos los españoles. Es imposible sentarse ante la pantalla, o en la grada de un estadio, y no envidiar la tarde del jueves, cuando la armonía superlativa de la Selección española dio una lección de fútbol que hasta ahora sólo han equiparado, pero de lejos, alemanes y rusos. Así que esta noche a lo mejor vemos a un subcampeón de Europa, pero anteayer vimos al campeón del mundo.
