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Yo digo Sebastián Álvaro

En los cielos del Karakorum

Tras dos años de preparativos, estamos a punto de surcar los cielos del Karakorum en manos del viento. El reto es tan atractivo como inquietante. Queremos sobrevolar con unos parapentes el corazón de la cordillera más agreste y salvaje del planeta, uniendo así tres pasiones de los que vamos a participar: el alpinismo, el vuelo libre y la exploración. El punto de partida será el mítico valle de Hunza, desde donde despegaremos. En un parapente irá el belga Thomas de Dorlodot. El otro, biplaza, estará pilotado por Ramón Morillas, y llevará de pasajero al alpinista Simón Elías. Sería difícil encontrar mejores protagonistas para una aventura así. Los tres son buenos amigos, con los que llevo compartiendo expediciones al Karakorum en los últimos años. Thomas y Ramón se encuentran entre los mejores pilotos del mundo, como demuestran sus muchos triunfos y récords conseguidos. Thomas acaba de cruzar África volando. Ramón ha logrado superar los 7.800 metros de altitud en paramotor, precisamente en el Karakorum y en el Himalaya.

Ahora se trata de acometer un nuevo reto. Ir un poco más allá, adentrándose en ese desconocido mundo de vientos, nubes y montañas. Para ello, Simón Elías, guía de alta montaña y responsable hasta hace nada de los Equipos Nacionales de Alpinismo, aportará su dilatada experiencia en montañas altas para proporcionar cierta seguridad, dentro de lo que cabe, a sus dos compañeros. Recorriendo los glaciares a pie iremos un grupo de cuatro amigos montañeros para intentar ofrecerles un poco de tranquilidad en medio de un reto tan arriesgado. El plan que hemos elaborado, tras todos estos años de estudios y pruebas previas, se basa en terminar cada jornada en una cima, muchas de las cuales superan los 5.000 m de altitud y aún están vírgenes -de hecho, la mayoría ni siquiera tienen nombre-, mientras sobrevuelan los glaciares de Hispar y Biafo hasta finalizar la aventura en la aldea de Askole.

De este modo, conseguirán la altitud necesaria al día siguiente para continuar su vuelo con el único impulso del viento. De nuevo, ha sido nuestra imaginación la que primero ha alzado el vuelo para poner en marcha una de nuestras aventuras, impulsada por el deseo de ir un poco más allá, de no recorrer caminos trillados en cuyo final tan sólo aguarda una meta mil veces alcanzada antes, aunque haya mucho riesgo e incertidumbre. En eso consiste precisamente la verdadera aventura, en atreverse a fracasar. Y es este motor inicial el que hará de este proyecto, lleguemos donde lleguemos por los cielos del Karakorum, algo imposible de olvidar para todos los que vamos a participar en él.