Actualizado

Actualizado a las

Opinión

Opinión

Yo digo Javier G. Matallanas

Mi querida España es La Roja

Los españoles somos genéticamente confrontacionales. Goya nos retrató dándonos una tunda a garrotazos. Las distintas identidades que cohabitan, conviven y se retroalimentan en la piel de toro fueron descritas magistralmente por Miguel Hernández en su poema Vientos del Pueblo. Como escribió el poeta de Orihuela hay en esta España nuestra "andaluces de relámpagos nacidos entre guitarras" y "catalanes de firmeza". Se decía, en el fragor de la batalla de la tormenta de clásicos de la temporada pasada, que Ramos, un andaluz de firmeza, y Piqué, un catalán de relámpago, no se hablaban. La rivalidad eterna Madrid-Barça se radicalizó y amenazaba la armonía de la Selección campeona del mundo y de Europa. A ese catalán y a ese andaluz, españolitos ambos, les ha tocado ser la pareja de centrales de esta Eurocopa. Si dos centrales se llevan mal, un equipo de fútbol anda fastidiado, porque de su sincronización y coordinación de movimientos depende el sistema defensivo.

La España de charanga y pandereta, esa España que embiste, de la que hablaba Machado, siempre va a intentar buscar enfrentamientos. Pero lo que representan los Ramos y los Piqué, los Casillas y los Xavi, los Torres y los Llorente es otra España que ha nacido en torno a La Roja. Para Machado, La Roja sería "una España implacable y redentora", una España de una idea (el tiqui-taca) y ganadora. Es la España en Marcha de Celaya. Es Mi querida España de Cecilia, en su faceta futbolera. Y esa España va entrar hoy en la leyenda. La Roja va a ser eterna.