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notas olímpicas | ángel cruz

La Villa Olímpica abrió ayer sus puertas a los 10.500 deportistas

Apertura. No sé si los responsables británicos han recibido a los deportistas al grito de Welcome Home (Bienvenidos a Casa), pero a algunos de los que ayer llegaron a sus apartamentos de la Villa de Stratford esa señal de hospitalidad les sentó un poco mal, porque descubrieron que las camas miden 1,75 metros, insuficientes para muchísimos deportistas. Los pies colgando, amigos.

Una aventura. El estadounidense Keeron Clement, doble campeón mundial de 400 mv, tardó cuatro horas en llegar desde el aeropuerto de Heathrow hasta la Villa, quizá porque el conductor no conocía el camino. "No es una buena impresión de Londres. Tenemos sueño, hambre y necesitamos orinar. ¿Podríamos llegar ya, por favor?", dijo el atleta. Llegaron, llegaron.

Robados y perdidos. En Atlanta 1996 el grupo de periodistas enviados por el Diario AS, entre los que se encontraba el que esto escribe, superó el récord de Clement. El robo de uno de nuestros ordenadores portátiles en el aeropuerto, se unió a una interminable denuncia ante la policía y se conjugó con una camioneta conducida por dos chicos de color, cantando a dúo Billie Jean, de Michael Jackson, empeñados en darnos a conocer todo el estado de Georgia, porque no sabían donde estaba el hotel y ni parecía importarles. A las dos de la madrugada, entre bosques tenebrosos. Llegamos sanos y salvos. Ellos no cantaban mal, pero, claro... Barracones. La primera Villa Olímpica fue la de París 1924 (la de la película Carros de Fuego), pero era un grupo de barracones con pocas duchas y sin excelencias sanitarias. Ocho años más tarde, en Los Ángeles, los deportistas vivieron en 550 bungalows prefabricados, asentados en un campo de golf. Había también comedores, biblioteca, un hospital... Las 127 mujeres inscritas en los Juegos estuvieron en hoteles y tenían prohibida la entrada a al recinto. Cada uno en su sitio. Ahora, en las villas, se reparten miles de preservativos.

Hornos. En Londres 1948, en un mundo empobrecido tras la Segunda Guerra Mundial, los atletas se alojaron en casamatas militares de la RAF, hechas de madera, pero con techos de hojalata, que convertían aquello en un asador.

Soviéticos al margen. La Unión Soviética participó por primera vez como país en Helsinki 1952, pero las autoridades decretaron que sus atletas no podía estar en la Villa Olímpica de Kapyla, porque podían "contaminarse" con el contacto con atletas occidentales. Vivieron en un edificio rodeado de alambre de espino. En Londres, los rusos confraternizarán con los demás países. Sin problema.