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Yo digo Juan Cruz

La Sonrojada y el valor del dinero

Estos muchachos de La Rojita, o de La Sonrojada, han tocado ya dinero, saben de qué color es, saben cómo comienzan los contratos; tienen agentes que buscan más el dinero que el color. Sus clubes los dejan marchar a regañadientes a disputar como olímpicos una competición que a algunos de ellos no les hace demasiada gracia. Sería lastimoso andarnos con zarandajas hipócritas sobre el amor a la Selección y el amor a la patria. Por supuesto, estos futbolistas, que son ya profesionales de un deporte que mueve sumas multimillonarias y deslealtades básicas, no cumplen las condiciones que se le pueden atribuir a los que se comprometen con la idea -supuestamente vigente- del olimpismo.

No ocurre solo con el fútbol. La mayor parte de los deportes que ahora se están peleando en Inglaterra están siendo protagonizados por profesionales que no son olímpicos en el más sentido estricto. Nos fijamos en los futbolistas españoles porque han perdido, pero si hubieran ganado, hoy estaríamos diciendo que el fútbol patrio, otra vez, se puso las botas. Así, por lo menos, podemos reflexionar sobre un sinsentido: los que son olímpicos sin tener el espíritu al que obligan los supuestos del barón de Coubertin.