Yo digo Juan Cruz
La intención de aburrir el fútbol
El fútbol subsiste porque es interesante, asequible y divertido para los que lo ven y para los que lo juegan. Pero quieren aburrirlo. Es tan interesante y tan divertido el fútbol que ni siquiera la televisión ha conseguido arrancar a los espectadores de los campos. La televisión, dice Juan Cueto, está hecha para ver fútbol. Pues ahí y en el campo la gente lo quiere ver, a su hora. Como hace los ingleses, que inventaron una cosa y la otra. Aquí, en España, les ha entrado el gusanillo de poner el fútbol a deshoras. Y este deporte-espectáculo es como las cosechas, también tiene su tiempo.
Esa conspiración para convertirlo en un galimatías que aburre antes de que empiecen los partidos es un intento alevoso de alejar al aficionado de los campos y de los televisores y de convertir en una cruzada cuadrar agendas para ver un partido. Un aburrimiento. Y ya es difícil hacer aburrido el fútbol.
Esa ocurrencia de situar los partidos de fútbol en horarios que alejan a los niños de los campos y que exponen a las parejas a agrias discusiones sobre lo que ha de ser el hombre fuera de casa, por ver un partido, después de medianoche, es un ataque a la lógica del invento.
El fútbol alivió siempre unas horas la vida familiar del fin de semana. Si a la gente se le impide ir a los campos porque los horarios son impracticables ahí tendremos un foco de indeseados incendios. Ignoro si le sirve a alguien este método de convertir la contemplación del fútbol (y su práctica) en un esfuerzo. Lo cierto es que conspira de tal modo contra la divulgación del disfrute que atenta contra la mejor Liga y, sobre todo, contra la esencia del balompié, que ha de disputarse estando despiertos todos los protagonistas, los que miran también.
