Opinión

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Yo Digo Sebastián Álvaro

Un salto desde el mejor balcón del mundo

O, al menos, el más alto. Desde luego lo que siento es una sana envidia, porque sería un privilegio poder asomarse a un balcón a 36 Kms de altitud y mirar hacia abajo y ver la curvatura de ese planeta azul lleno de vida gracias, en parte, al ozono que se encuentra allí y nos protege de la radiación solar. Y luego girar la cabeza hacia arriba y vislumbrar la oscuridad del espacio exterior mientras nuestro diminuto planeta flota "en las orillas del océano cósmico", como bien dijo Carl Sagan.

Supongo que Félix Baumgartner se tomará al menos un instante para disfrutar de tal espectáculo antes de saltar... al propio corazón del planeta que es tanto como hacerlo al corazón del hombre. Cuando escribo estas líneas, este paracaidista austríaco, especialista en saltos arriesgados, ha tenido que abortar el despegue del globo de helio, que lo va a subir a la estratosfera, más allá de los 36.000 metros, en el desierto de Roswell (EE.UU.) por culpa del viento. Su proyecto es batir el récord de salto en caída libre, durante el cual además intentará romper la barrera del sonido, algo que no ha hecho ningún ser humano sin la ayuda de una máquina.

Lo mejor es que no lo va a hacer ni desde un avión ni desde una nave espacial, sino desde un globo de helio heredero de la mejor tradición de aquellos simples aeróstatos. Y aunque la tecnología que lo hará posible es de alto nivel, lo que subyace en este proyecto, es que al final será un hombre sólo el que saldrá del globo para enfrentarse al vacío más infinito que han visto unos seres humanos. En definitiva hacer bueno el más importante lema aventurero, que sería "hacer siempre más con menos". La tecnología justa unida al mayor coraje. Entre quienes le están ayudando se encuentra un militar retirado de 85 años cuyos consejos seguro le serán muy valiosos. No en vano, el norteamericano Joe Kittinger es el actual poseedor del récord mundial, logrado en 1960 al saltar desde 31.333 metros.

Pero el verdadero pionero de los vuelos a la estratosfera fue un profesor de física suizo en el que Hergé, el creador de Tintín, se inspiraría para dibujar al profesor Tornasol. En 1931, August Piccard logró llegar a los 15.787 m. de altitud, a bordo de una cabina esférica y presurizada, que él mismo había diseñado, suspendida de un gigantesco globo aerostático.

Realizó numerosas mediciones de temperatura y estudios de los rayos cósmicos antes de volver a la Tierra de una forma un tanto aparatosa. Aterrizó -más bien se estrelló- en un glaciar del Alto Tirol, teniendo que pasar la noche en la cabina antes de que un equipo de rescate lograra llegar hasta Piccard y su compañero de aventura Paul Kipfer. Piccard realizaría 26 vuelos estratosféricos más. No tan alto como Piccard pero sí lo suficiente, unos 12.000 ms de altitud como para batir el récord de España de salto en caída libre subieron los dos paracaidistas que protagonizaron uno de los documentales de "Al filo de lo imposible".

Fue uno de nuestros proyectos más complejos y arriesgados, pues los saltadores y el piloto del globo debían llevar un equipo de respiración como el que utilizan los pilotos de cazas y desenvolverse en una estrecha barquilla llena de bombonas de combustible a temperaturas muy por debajo de cero. Contamos con la colaboración del Ejército del Aire tanto en la logística -dispusimos un helicóptero y un caza encargado de comprobar que el globo alcanzaba la altitud requerida- como en el propio salto pues, junto a Laureano Casado saltó un suboficial paracaidista José Cielo Cremades, cuyo apellido parecía predestinarle precisamente a eso: saltar desde las orillas del cielo.

Todo pareció irse al traste cuando un involuntario roce de José provocó que el paracaídas de se abriese dentro de la barquilla. Laureano y José mostraron una enorme sangre fría al conseguir plegar de nuevo el paracaídas y saltar al vacío. Nuestros compañeros volvían felices de las mismas orillas del cielo. Ojalá que Félix tenga la misma suerte.