Opinión

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Yo Digo Noemí de Miguel

El sueño de los pibes: de las tardes de potreros a las noches de Champions

Noemí de Miguel

562 días de abstinencia. Demasiado sin vivir un River- Boca. El partido en Argentina, del que se habla semanas, al que dedican tangos. El Monumental, un fresco en rojo y blanco. Y entre 50.000 almas, ojeadores de Arsenal, Juve, Inter, Lyon y Eric Cantoná. Estas dos semanas del fútbol argentino son clave en el mercado invernal. Gente normal, trabajadores de club, pero siempre los imaginé personajes de novela negra. Incisivos analistas del juego de Sánchez Miño, Paredes, los gemelos Funes Mori, Mora, Pezzella... No lo saben, están a prueba. Ante ellos la posibilidad de escribir la historia de los grandes de Europa. Argentinos, en todo equipo campeón hay uno. Ocho futbolistas del once de la albiceleste juegan en la Champions.

¿Me da la pelota? Un tango dice: "Señora, ¿me da la pelota? Que nos vamos a otro barrio". Es por los chicos de calle que cuelgan balones y rompen cristales. La madre de Higuaín pudo ser esa señora. Cansada de cambiar cristales hizo una piscina en el patio donde jugaban sus cuatro hijos. Era el momento de ingresar en River. Con 10 años disputó el primer River-Boca. Fue criado en el esfuerzo y el trabajo. Se lo curró hasta debutar en Primera a los 17 años. Entonces, en 2009, ojeadores de Milán, Lazio, United y Chelsea le seguían. El Madrid ganó la partida. Su constancia, tenacidad y un don, el del goleador, le han hecho aguantar las embestidas de cambios de entrenador, suplencias, competencia, malas rachas y rumores. "Tenía tanto amor por el fútbol que jugaba cada día", afirma. Y es normal, es Higuaín.

El ojeador perfecto. Los grandes clubes disponen de programas informáticos y un sistema de documentación con acceso a jugadores de todo el mundo. Pero siguen siendo fiables los filtros, anónimos, conocedores del fútbol base, que llegan donde no cubren las teles. Uno de esos filtros llamó a Minguella, entonces representante, y éste a Rexach. Un chico de 12 años de Rosario revolucionaba, había que actuar rápido. ¿Arriesgado? Quien no arriesga no gana. El acierto se llama Messi, de tanto calificarlo, incalificable. Es la utopía de la apuesta por la cantera. Pero por momentos se tambaleó. Le criticaban en Argentina, dudaban de su compromiso con la selección por no jugar allí. Y sin embargo "lloraba sin que nadie se diese cuenta", dijo. Extrañaba hasta las baldosas. Si la abuela no le lleva a entrenar, si Newell's paga el tratamiento, si River le ficha, si no avisan al Barça, si se vuelve a casa... Lo que nos hubiésemos perdido.