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Yo Digo Santi Giménez

Cuando los seguidores en Twitter se convierten en perseguidores

El ego que no cesa. Escribía ayer el escritor y crítico de arte, entre otras cosas de provecho, Galder Reguera en su cuenta de Twitter (@DadanNarval): "El twitter de algunos es el gabinete de prensa de su ego". Y con toda la razón. En tiempos de crisis, no sólo económica sino fundamentalmente de valores, la posibilidad que ofrecen las redes sociales para debatir se ve demasiado a menudo sustituida por las ansias de imponer el pensamiento único. Donde se podrían suscitar debates e incluso discusiones, la mayoría de las veces se generan lo que en el argot se denominan twitterbroncas. En esas ocasiones el espacio global se convierte en el patio del cole donde dos se pelean mientras el resto deja el partido y el bocata para asistir al ajuste de cuentas.

Emboscados. En este sentido, el fútbol es un filón. Se ha dicho que Twitter es una gran barra de bar o un patio de vecinos donde puedes decir lo que sea. La diferencia está que en la taberna lo dices a la cara y en tu nombre. En Twitter, te dan lecciones desde la emboscada y la gente se desinhibe. En el mal sentido del término, claro.

De la crítica. No creo que ahora a los periodistas se les critique más que antes. Lo que pasa, es que ahora nos enteramos más. Tú escribes algo y casi de forma instantánea te llegan las menciones de turno que antes el indignado de guardia sólo podía comentar a sus allegados. Ahora te las dicen a la cara. Y eso es bueno. Lo que no enriquece el debate es lo que sucede con demasiada frecuencia. "Tú que has dicho A, eres un merluzo (estoy suavizando) porque la verdad es B". Acto seguido entras en el perfil del ofendido y ves como, en un elevado tanto por ciento de los casos, se autodefine con el prefijo Anti y el sufijo ista. Eso no son seguidores, son perseguidores.

De la prensa. Esto no es corporativismo, que a la prensa, también hay para darnos de comer aparte. Las redes descubren la tendencia de que no hay plato que más guste a un periodista que la hamburguesa hecha de carne de compañero.

Deserciones. Por eso, cada vez hay más voces que tras asomarse al bar huyen despavoridas. Voces que valen la pena mientras otras hacen como los futbolistas. Venden su producto y gestionan su ego.