Opinión

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Yo Digo Noemí de Miguel

Sopla viento del este en Europa: de Sacchi a Lucescu y Goncharenko

Noemí de Miguel

No al catenaccio. Las formas de llegar a un banquillo son inescrutables. En realidad, por las que alguien acaba siendo entrenador. Ya que sentarse en un banquillo no deja de ser una irregular sucesión temporal de aspirantes a todo que acaba inevitablemente cuando aparece la palabra 'malos' delante de la palabra 'resultados'. Aspiraba a todo Arrigo Sacchi, pero... "dejé de jugar al fútbol con 19 años porque enseguida comprendí que no sería un campeón", dijo. Aunque siguió deambulando como defensa en los setenta. Criado en el catenaccio tenía un plan. Una revolución italo-holandesa que llevó a ganar dos Copas de Europa a un Milán que despertó súbito de una mala siesta. Un 4-4-2 con once defensas y once atacantes, germen del fútbol actual. De aquel equipo, estos entrenadores: Ancelotti, Donadoni, Rijkaard o Van Basten fueron jugadores de Sacchi. El de Fusignano en un banquillo, sí fue campeón.

Nacer del desastre. Hokini es una población a 332 kilómetros de Minsk, la capital de Bielorrusia, donde el BATE Borisov juega sus partidos para cumplir la reglamentación UEFA. Es un pueblo, mucho más cercano a Chernobyl, en el área de influencia de aquel desastre nuclear que 26 años después aún marca a Goncharenko (en la foto). Perdió a su padre, ingeniero en la central, quien le inculcó la pasión por el fútbol. Pasó de defensa lesionado a los 25 a técnico más joven de la Liga de Campeones en 2008. Con 31 debutaba, como el BATE, en Champions. Su inquietud le llevó a Barcelona y Villarreal hasta tener sistema: un 4-1-4-1 con Bressan y Hleb disfrutando la vuelta a casa. Busca superar la fase de grupos en un tercer intento y lo disfrutan sus paisanos al precio de 3 euros por entrada.

Sin 'vergogna'. La imagen que teníamos en España de Mircea Lucescu, técnico del Shakhtar, era la de un hombre enfadado gritando "vergogna" (vergüenza) a Guardiola en una zona mixta. En italiano, uno de los cinco idiomas que domina. En enero tuvo un grave accidente de tráfico en Bucarest. Más de mes y medio de recuperación para sus múltiples fracturas a los 66 años. ¿Retirada? No es de los que se rinde y nada iba a impedir guiar su mejor proyecto en Champions. Se aburre en Ucrania, acaba de llevarse con goleada el derbi de Donetsk. Ofensivo y con acento brasileño. Fernandinho, Teixeira, Willian y Luiz Adriano se desenvuelven en un 4-2-3-1. La fortuna de 16 millones de dólares de Ajmetov, propietario del club, hace que sus efectivos se lo piensen ante las ofertas y Lucescu respire tranquilo.