Opinión

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Yo digo Juan Mora

Los Juegos Olímpicos del tenis

La pasión con que se vive la Davis convierte en singular esta competición en el tenis. Vamos dos a uno en esta final y la manera en la que se involucra todo el mundo recuerda a la de los Juegos Olímpicos. Da igual quien gane y como se gane. El caso es ganar. Son partidos en el caso de la Davis, y son medallas en el caso de los Juegos. El foco que tuvo Almagro el primer día en su partido contra Berdych cuando le llevó hasta el quinto set no lo tuvo jamás en cuantos torneos ha disputado, y hasta ganado, que a la chita callando ya se ha apuntado doce. Como tampoco lo tuvieron Granollers y López ni siquiera en la final del Masters que ganaron. Cada punto, cada juego, cada set y cada partido conduce a la victoria final.

Esto convierte en cómplices a cuantos tienen un mínimo de interés. El jugador que está en la pista, el primero. Pero detrás hay una multitud con tanta pasión como el que más en conseguir la victoria: sus compañeros de equipo en la final, también quienes contribuyeron a superar rondas anteriores, más el capitán, los entrenadores, asistentes y, sobre todo, el público, cuyo apoyo se considera fundamental. Por eso los propios jugadores son quienes lo espolean para que influya en el estado anímico de los jugadores. Que en las gradas del Arena de Praga se vea la Roja se considera vital, porque la afición también juega. En la Davis todo es presión, y a veces resulta demoledora. Ahora sólo hace falta que los checos la acusen hoy.