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Yo digo Juan Mora

La IAAF no puede sentirse feliz

Los fastos del centenario de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF) concluyen hoy en Barcelona con la celebración de la gala anual de este organismo. No son cien años de atletismo, que en los Juegos Olímpicos de 1896 ya hubo pruebas, pero sí de que se asociara internacionalmente. Son cien años de existencia, pero hasta 1973 no dio señales de actividad, cuando creó los Mundiales de Cross. Diez años después vinieron los Mundiales absolutos al Aire Libre, que dieron un gran impulso al atletismo. Los éxitos de Lewis, y su similitud con las gestas de Owens, contribuyeron a popularizar esta competición, que al alternarse con los Juegos Olímpicos nos permitía ver competir a las grandes figuras del atletismo con mayor frecuencia.

La creación de estos Mundiales fue la gran contribución de la IAAF a su deporte. Todo lo demás de poco ha valido. Ni siquiera la Liga de Diamantes ha conseguido fidelizar la presencia de los mejores atletas. Los fastos vienen a culminar una mala gestión del atletismo. Por una parte, se ha vuelto clandestino en muchos países -el nuestro entre ellos- por las elevadas cantidades a las que la IAAF vendió los derechos de transmisión; por otra, nos ha dejado unos récords tan inalcanzables que resulta al menos discutible su homologación, sobre todo una vez conocido que los atletas del Este se beneficiaban de un auténtico dopaje de estado. Esa lacra nunca la ha querido afrontar la IAAF, y acabará pesando. Son récords con 29 años de antigüedad... y los que le quedan.