Opinión

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Yo digo Guillem Balagué

Mourinho, los sentimientos y Ramos...

Un entrenador que no está del todo enamorado de Mourinho explica que el éxito del portugués se basa (y depende) del magistral uso de los sentimientos de su plantilla. Ya se sabe: estrategias psicológicas para asegurarse la cohesión del grupo. Nunca ha tenido un equipo con tanta calidad, pero sigue utilizando recursos que ya le sirvieron en plantillas con menos talento. El problema, dice este entrenador, es que si se depende principalmente de la emoción con la que los futbolistas se aplican en el juego, de la intensidad, el equipo tiene que estar siempre enchufado. O al menos la mayoría de sus jugadores. Si alguno no lo está, hasta ahora poco salía otro que mordía. Pero ¿qué ocurre si el grupo está desconectado, si no se pelean todas las pelotas como si fueran la última?

Este analista insiste que el Madrid de Mou es entonces mucho menos, con dificultades de remplazar esa falta de exigencia mental por alguna otra cosa, ya sea presión organizada, posesión calmada o lo que sea. Hay otra solución: la jefatura de algunos futbolistas puede sacar del muermo al grupo. Ayer lo intentó Ramos, que estuvo soberbio sin balón y pidió la pelota como lateral, como interior, como mediocentro y hasta mediapunta. Una bestia, una explosión constante de fuerza y liderazgo que sin embargo en esta ocasión no consiguió finalmente despertar al grupo del letargo.