YO DIGO Raúl Romojaro
Una fiesta con sabor agridulce

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Un año más, la entrega de premios de la Federación Internacional de Automovilismo no ha tenido el guión que nos hubiera gustado. Una fiesta de corbatas y trajes largos que bien podría haber concluido con el momento álgido de la entrega del título de campeón mundial de Fórmula 1 a Fernando Alonso. Pero no, también esta vez el protagonista destacado de la ceremonia de Estambul se llamaba Sebastian Vettel. Y van tres temporadas seguidas ya... Alonso, mientras, parecía feliz, satisfecho seguramente con el deber cumplido pese a no haber alcanzado el objetivo que él, su equipo y sus seguidores esperaban. Por eso pienso que la gala de la FIA ha tenido un sabor agridulce para los aficionados españoles: nuestro piloto nos ha convencido pero no así su equipo, con lo que el resultado dista mucho del deseado.
Y es que podemos consolarnos con todos los argumentos imaginables, desde la excepcional campaña de Alonso a los exiguos (aunque determinantes) tres puntos que le han separado del título pasando por sus excepcionales carreras (diría que con la de Valencia a la cabeza) o la ilusión que hemos mantenido viva hasta el último gran premio. Todo ello es lícito y positivo, pero con el paso del tiempo desaparecerá de la memoria colectiva y los nuevos aficionados a la F-1 recordarán cómo Vettel se convirtió en el tricampeón más joven de la historia. Soy de los que piensan que el deporte es mucho más que resultados y estadísticas, hablamos también de emociones y entrega, pero cuando se produce un divorcio permanente entre ambos extremos el equilibro queda lejos del ideal, al menos a mi entender. Esperemos que la gala de la FIA en 2013 tenga más alicientes para nosotros que descubrir el precioso vestido azul de la guapa acompañante de Alonso...
