Actualizado

Actualizado a las

Opinión

Opinión

Yo digo Juan Cruz

Dos hombres y un destino

Estos dos futbolistas nacieron para reconocerse en el gol, que es el destino natural del fútbol. Si no hay gol no hay porvenir, ni pasado. Falcao viene del calor húmedo, Messi procede del frío, el hielo atemperado de La Pampa o de los inviernos de Rosario, junto al río inmenso de peces gélidos y escurridizos. Falcao procede de una orilla natural, el mar de Santa Marta, a un paso de la finca Macondo que le dio nombre a la fábula más famosa del siglo XX en español. Las dos figuras son ahora consecuencia de su origen: Falcao avanza con la lentitud de los toros bravos, se adentra en el área con la frente solitaria al aire de la cancha, y dispara. Messi es mucho más barroco, como los escritores del sur: lo suyo es el regate corto, se lleva bien con las cantidades pequeñas y avanza como a trompicones. Falcao es oceánico y Messi es ribereño: éste marca para saber que está marcando, Falcao para que los demás se enteren. Y ambos disfrutan a su manera de la religión del gol.

El colombiano se levantó una vez la camiseta, para celebrar un éxito europeo con el Atlético, y debajo se supo que amaba a Jesús, y que además aconsejaba ese amor. Messi es mucho más humilde: no invoca, cuando señala al Cielo, a Dios sino a su abuela, a la que le tiene una gratitud emocionante. El resultado de ambas invocaciones responde a la misma vocación: marcar, marcar, hacer goles. El destino del hombre, decía Neruda, es amar y despedirse. Para estos dos chicos, el destino del hombre está señalado en el marcador.