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Yo digo Juan Cruz

Quien quiera que lo intente

La profecía. Tito Vilanova dejó dicho esta semana que esta polémica sobrevenida acerca de la legitimidad del record goleador de Messi no tiene importancia ninguna; y que si alguien tiene dudas sobre la importancia de marcar goles como quien dibuja en la arena, pues que lo intente. Anoche hubo un duelo soterrado, el del goleador colombiano contra el goleador argentino. Falcao había sido adiestrado para acercarse a Messi, y éste mostró al principio del partido tal dejadez, o al menos tal impotencia, que parecía que el color iba a ser rojiblanco también en el marcador. Funcionó al final el criterio de Tito sobre las esperanzas de los que creían en el milagro Falcao: Messi se alza sobre sí mismo, e incluso sobre sus imponderables, y al final dispara y gana.

El destornillador. El Atlético es un equipo bien destilado, pero se desinfla cuando tiene algún cortocircuito. En ese momento pierde la verticalidad, se hunde sobre sí mismo como en los viejos tiempos en que aún se le llamaba El Pupas. El destornillador fue Adriano, que marcó un gol sensacional cuando en la grada se estaban preguntando en qué lado del campo estaban durmiendo los genios, desde el citado Messi a Iniesta pasando por Xavi. El equipo de Simeone estaba muy bien plantado y el Barça ofrecía boquetes en el medio campo y en la defensa. Se mascaba un desastre histórico del que Falcao hizo un resumen con un gol de su factura habitual. Por encima de Valdés, disparó con la suavidad de los genios: O-1. La grada guardó silencio como el Ebro al pasar por el Pilar. Hasta que llegó Adriano con el destornillador. Ahí empezó a sentenciarse el partido y, si no ocurre un milagro (el milagro Falcao o el milagro Cristiano), también se sentenció la Liga.

Viva Villa. En un momento determinado la felicidad de ganar fue tan contagiosa que la gente quiso, desde la grada, manifestar la bondad de su ánimo trasladándole una alegría a Villa. Fue, además, poco después de que Alexis, su insistente sustituto, fallara por enésima vez en un partido que no era para él. Como se rumorea su malhumor y también se adelanta su posible salida del equipo, el estadio prorrumpió en un grito a su favor. Finalmente, ahí estaba Villa. Tuvo algunos instantes de enorme calidad, y de entendimiento, además, con Messi, que es de lo que se trata. Me parece que Villa reivindicó su nombre, de modo que la grada también quedó feliz.

Y viva el fútbol. La primera media hora del partido fue un recital de fútbol de competición: respeto por el otro, y respeto por el juego. El Atlético de Madrid se plantó con una enorme elegancia, Falcao recibió golpes de genio de su defensa, y al Barça le empezaron a flojear las piernas. La reacción azulgrana, tras el varapalo de Falcao, fue extremadamente profesional; no se sintieron vencidos en ningún momento, sobre todo en ese instante de zozobra; la reacción fue estrictamente futbolística, basada más en la técnica que en la furia. Ahí estuvo la clave: cuando Vilanova recuperó en el campo la tranquilidad que él parecía manifestar en el banquillo, el Barça se reactivó a partir del sentido común.

El récord. Messi es el mejor jugador del mundo y la mayoría de sus goles son espectaculares. Qué más da el récord, si es suyo o de un jugador de primera regional en Zambia o en Vladivostok. Como dijo Simeone, ese futbolista juega en otra liga y sus récords no son de este mundo. Quien quiera hacer lo mismo, pues que lo intente. Tiene razón Tito.