Yo digo Juan Cruz
El técnico vive de pie el drama de este juego
El entrenador no disfruta: no juega, no participa en la gestión de las ideas que ha marcado en la pizarra. Es el hombre de pie que vive el drama del juego desde el sitio en el que se cometen más errores sin que hayas hecho otra cosa que configurar una alineación. En esa posición vimos a Guardiola gesticular con melancolía, y ahí hemos visto a su sucesor, Tito Vilanova, la melancolía misma, la resignación de la alegría. Hace un año sufrió en un silencio emocionante una batalla singular, la que no se puede contar si no es mostrando esa tristeza que cae como la incertidumbre sobre los ojos de los hombres.
Desde que se recuperó la vida sólo le dio homenajes; despejó la incertidumbre de lo que iba a pasar cuando se sentara en el lugar donde estuvo su amigo Pep Guardiola y ha hecho la mejor temporada del equipo azulgrana en toda su historia, a excepción de la historia de Guardiola, de quien fue su oído y sus ojos (y sobre todo sus ojos, como bien se sabe). Cuando ya ese prestigio estaba en la cúspide viene otra vez el azar maldito y deja en la puerta de su vida otra amenaza.
En cuanto se supo esa mala nueva, los que lo vemos en el escenario acotado del entrenador paseamos nuestra mente por esa mirada de Tito: esencial, casi desaparecido para que el equipo brille. Y con el deseo ferviente de que se recupere cuanto antes, deseamos en ese instante en que el parte médico se convierte en una nube gris que este pasadizo se cumpla cuanto antes y él vea pronto como la labor de estos meses culmina con la brillantez que él se merece aunque sean otros los que disfruten del resplandor del juego.
