Opinión

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Yo Digo Sebastián Álvaro

Saber cuánto pesa un kilo o mide un metro

Un reciente estudio publicado el pasado lunes ha demostrado que nuestra unidad de medida de la masa ha engordado. Desde finales del siglo XIX el kilo está definido por un cilindro hecho de platino e iridio que se guarda en la Oficina Internacional de Pesas y Medidas, cerca de París, y del que existen varias copias que se comparan con el original francés cada 40 años.

Los análisis han descubierto que este cilindro en realidad pesa 0´1 miligramos más de lo que debiera a causa de la acumulación de contaminantes en su superficie. Para envidia de los afectados por los atracones de estas fiestas, bastará con someterle a una sesión de rayos UVA y ozono para que el patrón vuelva a la normalidad y pese de nuevo un kilo. Esta noticia nos recuerda el ingente esfuerzo intelectual y físico que supuso que un kilo pese un kilo, un metro mida un metro o un segundo dure un segundo. La Revolución Francesa, impulsada por la Ilustración, se empeñó en poner orden en el caos de pesos y medidas que dificultaban la economía y la vida de sus ciudadanos. Así fue como se formaron comisiones de científicos y se llegaría a un patrón de peso fiable hecho a base de titanio e iridio que hoy tenemos.

El caso del metro fue también toda una aventura para los encargados de definirlo. Los científicos Jean Baptiste Delambre y Pierre Mèchain tardaron nada menos que siete años, de 1792 a 1799, en lograr su empeño. Desde Dunkerke hasta Barcelona fueron haciendo sus mediciones mientras sobrevivían a su paso por territorios en guerra, eran detenidos acusados de espías o les confiscaban los instrumentos de medición para poder continuar con su tarea de determinar la diezmillonésima parte de la distancia entre el Polo Norte y el Ecuador que era el metro. Científicos como Delambre y Mèchain (que murió en Castellón en 1804 de fiebre amarilla mientras hacía una medición detallada del Meridiano de Greenwich) pertenecen a esa estirpe admirable de científicos, imbuidos de espíritu aventurero, que no dudaron en arriesgarlo todo por dotar de razón nuestra vida y crear un mundo mejor.

Lo que sabemos, lo que somos, se lo debemos a personas como éstas. Buena parte de esta corriente, intelectual, aventurera, nos la perdimos metidos en cruentas guerras carlistas. Mientras tanto en Europa triunfaba la Razón, la Ciencia, el Romanticismo y la nueva mirada sobre el paisaje, se producía la modernización o se desarrollaba el alpinismo. Por eso esta noticia me ha hecho recordar, adaptada a nuestra historia y con nostalgia, esa hermosa canción de Sabina, adecuada a nuestra historia: ¿Quién nos robó el siglo XIX, privándonos de buena parte de todo aquello en lo que sustenta la civilización moderna?