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Opinión

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Yo Digo Alfredo Relaño

Barça, 62 %, Madrid, 22 %, Atleti, 16 %

Ha bastado una derrota del Barça para que un tercio de la afición piense que aún hay Liga. De ese tercio, a su vez, dos tercios apuestan por el Madrid, lo que habla de la fe inquebrantable de ese ejército, entre cuyas entretelas más íntimas (Toñín El Torero, Tomás Roncero) surgió la Cofradía del Clavo Ardiendo, que coronó felizmente aquella Liga de Capello. El resto es de grey atlética, gente maltratada por la historia reciente pero que ve a su club en ritmo de campeón de otras épocas, con paso de lo que en los viejos tiempos se llamó 'la media inglesa' (ganar en casa, empatar fuera), lo que daba el título.

Lo que me gusta de verdad del fútbol, lo descubrí con el tiempo, es que produce sensaciones exageradas. Pierdes dos partidos seguidos y te ves en Segunda, ganas dos partidos seguidos y te ves en la Champions, o campeón de ella, según. De repente una nube negra aplasta el ánimo, al poco tiempo un sol reluciente promete felicidad. Ahora, en el paraíso del Barça empiezan a ocurrir cosas malas, mientras las broncas del Madrid dan paso al medio partido sensacional en Valencia. En paralelo, el históricamente ciclotímico Atlético alcanza una serenidad inesperada y trota a ritmo de lobo tenaz.

La Liga dual, que se quedaba en Liga de uno, se sugiere ahora como Liga de tres. Todo eso en un contexto loco en el que empieza a ser un secreto a voces que las teles no pueden pagar. El dinero ofrecido, firmado y comprometido no aparece, porque hay una crisis que ya no perdona ni al mayor de los vicios, descontado el tabaco: el fútbol. Los clubes se gastan lo que no tienen y no van a cobrar, porque quienes recaudan por su cuenta no consiguen lo que esperaban, pero siguen su carrera feliz. Es absurdo, pero divertido. Y al fin y al cabo hay cosas por las que avergonzarse mucho más. ¿O no?