Opinión

Opinión

Yo Digo Guillem Balagué

Premier: el 72% de los entrenadores están obsesionados con el fútbol

Estudio. Cada tres meses la Asociación de Entrenadores Británicos (LMA) publicará un estudio de la mente y personalidad, exigencias y sugerencias de los preparadores europeos. Más de cien participaron en el último informe que revela detalles fascinantes: sus grandes preocupaciones son los dirigentes que no entienden su labor y se cargan a compañeros para contentar a la afición, los errores arbitrales y una obsesión por el trabajo que les consume.

Obsesión. Esto último les delata como individuos que, pese a adorar la profesión, son incapaces de tener una vida equilibrada. El 72% admite que están totalmente obsesionados por el fútbol y un 59% no son capaces de repartir saludablemente el tiempo libre y el profesional. Así lo explica el presidente del LMA, el expreparador del Leeds Howard Wilkinson: "Acabas siendo un experto en engañar a todo el mundo. Rodeado de amigos o incluso con la familia, desarrollas la habilidad de parecer que estás totalmente inmerso en la conversación mientras una parte de tu cerebro está analizando alguna cosa que tiene que ver con el club".

Dedicación total. La conclusión de todos es que es imposible tener al mismo tiempo vida social y privada cuando se entrena, porque el trabajo se convierte en la "única forma de vida". Un ejemplo: el presidente de una gran compañía puede retrasar o variar una cita, pero Ferguson no puede cancelar un partido. En 26 años, sólo se ha perdido uno. "Puedes leer un libro o ver una película", cuenta el ex del Liverpool Houllier, "pero el fútbol no te deja disfrutarlo del todo porque te pide constante atención. Le dedicas tiempo, energía, todos tus pensamientos y puede dañar tus relaciones".

No sin fútbol. Un par de datos sugieren que no saben vivir sin el fútbol: el 72% preferiría que se jugaran menos amistosos y el 56% de los entrenadores de la Premier prefieren que no haya parón navideño. ¿Temen alejarse de su obsesión?

Estrés en el banco. El estrés aumenta cuando se les hace reflexionar sobre su estabilidad laboral. Incluso en Inglaterra se echa a los entrenadores antes que nunca: la media de estancia en los banquillos es ahora de 19 meses, cuando en el 1992 era de tres años. Una derrota es para ellos una minicrisis y dos, todo un drama.