Opinión
Para ser conductor de Primera...
Carlos Marañón
Quizá lo único malo de Josep Pla es que el fútbol no le importaba un pimiento. "Sólo les interesa para pasar la tarde del domingo", decía de los aficionados al viejo foot-ball. No obstante, de haberle gustado el balompié, hay serias (y también cachondas, este tipo era una mina) razones para pensar que Pla habría elegido ser perico. Esa serenidad ante el yugo de la masa, su ironía ante las verdades oficiales, e incluso los golpes de Tramontana recibidos, hubiesen combinado estupendamente con el espanyolismo presente, pasado y futuro. Sobre todo, presente.
Hay que viajar para darse cuenta de que una pasión, una idea, un hombre, sólo son importantes si resisten una proyección a través del tiempo y del espacio". Lo decía el genio de Palafrugell en su austerísimo Viaje en autobús, pero bien podría haberlo escrito con rotulador indeleble en el WC de un área de servicio de autopista cualquiera de los valientes que viajaron con su Espanyol, conscientes de que el título de hincha lo expiden en los autobuses de los desplazamientos con el equipo de tus amores. Los que viajaron a La Romareda, resistieron, vaya si resistieron. Como pasión, como idea y como mujeres y hombres dignos de la proyección (discreta, pero suficiente para aferrarse al puntito fuera de casa) de su equipo. Resistieron tanto, que fueron incluso más noticia que el partido al que acabaron dignificando con su presencia.
Rebelde, inconformista, un punto anárquico, quizá más de rauxa que de seny, el espíritu blanquiazul pasa por afrontar los problemas con respuestas que muchas veces viajan en dirección contraria. No es que a Aguirre, agudo chófer, se le pida convertirse en conductor suicida; antes al contrario: el sentido común en la ruta elegida, la fiabilidad defensiva y el orden en el maletero son esenciales. Lo que sí tenemos claro, además de encontrar un nombre que compita con la mareona sportinguista (a bocajaro: bandada blanquiazul —esbart blanc-i-blau— de periquitos) para estos pericos que dan tanto a cambio de un poco de esta nueva ilusión recobrada, es que su aliento es imprescindible. En tiempos de crisis, la afición mantiene la alerta, incluso contra la norma: por favor, no dejen nunca de distraer al conductor. Animando al Espanyol.
