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Yo digo Juan Cruz

El fútbol de los segundos nombres

Suenan los clarines del fútbol de los segundos nombres; en el Barcelona, Pep Guardiola era un segundo nombre, una identidad desconocida en el oficio de entrenar, un jugador sobresaliente que, además, no tenía las condiciones para ser grandioso. Con una inteligencia que generalmente se adquiere sobre el terreno de juego, construyó un edificio que se llamó Equipo y lo puso a jugar sobre las bases del sentido común y la alegría. La suerte, además, lo acompañó, y ahora es quizá el entrenador más codiciado y venerado del mundo. Pero era un segundo nombre.

A Vicente del Bosque lo echaron del Madrid porque era un segundo nombre; y en realidad hizo lo mismo que Guardiola: aprendió en el campo el sentido común, le dio victorias a su equipo, pero su presidente (que ahora otra vez preside al Madrid) lo echó porque era un segundo nombre Ahora Del Bosque acaba de ser elegido, por su trabajo en la Selección, mejor entrenador del mundo. Ya no es un segundo nombre, pero se sigue comportando como tal, de ahí proviene su enorme atractivo como ser humano. Su impronta es la de una personalidad que no se impone, por eso gana. El Barcelona ha aprendido estas lecciones: apostó, cuando Guardiola se subió al podio de los primeros nombres, por el nombre que lo seguía. Y ahora, por esos accidentes que tiene la vida, al Barça lo entrena un tercer nombre. Y no pasa nada. Porque ya está hecho el Equipo.