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La contracrónica culé

Empate a todo

Los futbolistas hacen el fútbol. El sistema fue improvisado sobre el campo, a golpe de sospecha, no a golpe de banquillo. Los responsables fueron los grandes operarios, no los artistas excelsos. Falló la justicia, que no fue poética.

Juan Cruz

Varane. A veces aparecen en los estadios futbolistas que hubieran vivido en una esquina de la historia sino fuera porque desandan sus pasos mediocres y se erigen en héroes del momento. El defensa francés del Madrid se ganó un puesto en la gloria de la afición blanca, porque marcar un gol como el de anoche reivindica su figura de defensa que salvó a su equipo de una suerte aciaga. Varane impidió que el Madrid fuera goleado, y goleó al Barça cuando más lo necesitaba su equipo. Ahora ya Varane no es un sustituto sino un fijo. Aunque no lo pongan, la grada, tras lo de anoche, lo sitúa ya en un pedestal.

Piqué. Jorge Valdano dijo, al final del primer tiempo del encuentro, hablando en Carrusel Deportivo, que los mejores del partido estaban siendo el defensa madridista y el zaguero barcelonista. La tónica se perpetuó en la segunda mitad. El valor que concurrió en la aventura de Piqué fue el de la oportunidad, que es la esencia de un protagonista de la retaguardia. Cuando se atravesó fue justo, salvó al Barça; construyó con una serenidad que no se rompió en ningún momento, aunque las naves blancas se impusieron la tarea de asustar a Pinto. En este juego de espejos que fue el duelo protagonizado por Varane y Piqué, ambos fueron ángeles de la guardia de sus respectivos guardametas.

Los perjudicados. Del trabajo de ambos héroes nocturnos salieron perjudicados Messi y Cristiano Ronaldo; aquel se resignó a ser secado en el tren de lavandería de una defensa que tampoco era tan poderosa, pero él no sacó las armas que suele mostrar en partidos así. Como si resistiera a su genio, y como si esperara ocasiones que esta vez no fueron suyas, sino de Pedro o de Jordi Alba. Si hubieran sido suyas quizá se hubiera cumplido aquel deseo, que hubieran empatado a mucho, a cinco por lo menos. Pero, en el otro lado, Cristiano Ronaldo sufrió más o menos iguales frustraciones.

Los segundos nombres. Como hay entrenadores de segundos nombres, o de terceros, también hay futbolistas que juegan como si fueran primeros nombres, mejores que sus iguales. Pero esto no siempre es así colectivamente. El Barça es un equipo que tiene, además, a Andrés Iniesta, e Iniesta es una palabra mayor del fútbol, alcanzó la que revela el secreto que guarda en su cajón el Barça cuando juega mejor. Hace música de la nada, construye con una elegancia y una sutileza que alcanza grados de mareo estético. Ese Iniesta representa en el fútbol la esencia de la buena educación futbolística. Un respeto. Como respeto se merece la calidad humana con la que Carles Puyol se opuso a que alguna vez se hubiera planteado un incidente que hubiera hecho bronco un partido excepcional con un resultado rácano. Pero la Copa del Rey es así; en Barcelona, quizá, ese resultado se rebose, y entonces acaso exploten los primeros nombres que anoche se acostumbraron a regañadientes al segundo plano del partido.

La simulación. El fútbol es empeño, trabajo, aparte del arte que protagonizan futbolistas como Iniesta, Özil, Xavi, Messi o Cristiano Ronaldo cuando están finos. También es simulación, bronca, y a veces afloró durante este partido. Alves protagonizó durante el encuentro de anoche algunos de esos lances. Son innecesarios, ralentizan el juego, son desperdicios del esfuerzo. La contrapartida es que por fin el gran simulador ha recuperado su forma, su nivel, hizo verdaderas hazañas a favor de su equipo. Con ese bagaje debe enterarse de que ya no hay que hacer teatro; haciendo fútbol es mucho mejor que haciendo teatro.