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Yo Digo Santi Giménez

El estupendismo se cobra su factura tras el Clásico

No es lo que parece. Acabamos el Clásico satisfechos por haber visto un monumental partido en el que, desde lejos, parecía que todo había ido dentro de los cauces razonables dentro de la máxima rivalidad. Está claro que ni al Barça se le aplaudirá nunca en el Bernabéu y lo mismo con el Madrid en el Camp Nou. Vimos a los jugadores saludarse y a excepción de las caricias de Arbeloa y Xabi a Messi no hubieron las tánganas de otras ediciones. Pero no percibimos el Clásico subterráneo que afloró el día después. Primero mediante las redes sociales y luego en los medios y en comparecencias de prensa. En definitiva, quizás pecamos de estupendos a botepronto y mucho me temo que el partido de vuelta será bastante más agrio.

Cuestión de educación. El primero en hacernos ver que los que vemos el vaso medio lleno somos unos panolis fue Alves. Denunció los gritos racistas en su contra. Los hubo y tiene todo el derecho del mundo a denunciar ese comportamiento execrable. Pero ¿dónde está el límite entre el racismo y el insulto? Sólo se es racista con los negros, ¿o los insultos a los portugueses también pueden considerarse racismo? En el fondo es un problema de mala educación y de unos orangutanes que se creen que una entrada da derecho a insultar a novias, a naciones, tendencias sexuales o razas.

El intraclásico. Posteriormente, algunos medios denunciaron que Messi se las tuvo con Arbeloa y Karanka en el párking y en el túnel de vestuarios. Ya volvemos a las andadas con comportamientos que pasan donde el argumento es la palabra de uno contra la del otro. Algo habitual no hace mucho. Mou ya acusó a Rijkaard de ir al vestuario de Frisk, a Piqué le atribuyeron un desprecio a la Corona en Valencia y sobre Xavi corrió la leyenda de un vacile a Lass tras el 5-0. Llueve sobre mojado.

Sensaciones. Otra derivada del estupendismo se vivió en el bando culé. El estilo del Barça hace que todo lo que no sea arrasar al Madrid sepa a poco, cuando eso es excepción. Además, la situación de ambos en la Liga y las bajas blancas habían alimentado la sensación que el Clásico iba a ser una escabechina. Y al final, unos vieron un empate fuera como decepción y los otros, como un éxito. Cosas del estupendismo, que pasa factura.