Yo digo Diego López Garrido
La guerra contra el racismo no se puede perder
Diego López Garrido
Yo, que soy madridista, tengo que darle la razón a Alves en su queja contra el racismo que sufre en casi todos los campos de fútbol de España. También -aunque no el que más, según dice- en el Bernabéu. Su público inteligente tiene que soportar demasiado a menudo conductas tan ilícitas como moralmente repugnantes. Las denuncias de racismo en el deporte consiguieron, por fin, una buena Ley (19/2007).
Es ambiciosa y completa, pero no se aplica con fuerza ni convicción por quienes pueden hacerlo. La Ley condena "las declaraciones, gestos o insultos que supongan un trato manifiestamente vejatorio para cualquier persona por razón de su origen racial". Sin embargo, todo esto no sirve de nada si no hay sanciones ejemplares, inmediatas y eficaces. Y no las hay.
A la vista de la experiencia, pienso que, hasta que, en aplicación del artículo 15 de la Ley, un árbitro suspenda un partido de fútbol cuando se produzcan gritos o insultos racistas, y se identifique a los autores, no dejaremos de sentir vergüenza en los estadios; no dejaremos de sufrir por el lamentable mensaje que reciben los niños y niñas que, cada vez más, afortunadamente, acuden a disfrutar con el deporte preferido de los españoles. El Madrid-Barcelona fue, efectivamente, tan maravilloso como destacó The Guardian. Pero, a causa de algunos descerebrados, hubo una mancha que aún somos incapaces de borrar.
Diego López Garrido es diputado en las Cortes Generales de España por el PSOE y Catedrático de Derecho Constitucional.
