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Yo digo Antoni Daimiel

El Barcelona soporta la crisis con garantías

El Valencia no puede permitirse ya cinco minutos de dudas

Antoni Daimiel

Navarro & Lorbek. El talento y la categoría se venden al peso de triunfos y currículum. Los contratos no suelen regalarse y el caché de jugadores como Navarro y Lorbek conlleva una seguridad que a veces pueda generar impaciencia. Jugadores que aunque salgan tarde llegan los primeros y a su nivel. Entre los dos sólo sumaron un acierto en nueve tiros lanzados en la primera mitad contra el Caja Laboral, pero ambos coincidieron en pista cuando comenzó el último cuarto, cuando se generó el parcial asesino de 0-14 con la colaboración de Marcelinho Huertas y Rabaseda. Minutos en los que el Baskonia salió con un Omar Cook desorientado que no logró vestirse ni prepararse para tal gala.

El don de la oportunidad. Crisis hay muchas, pero los fracasos sólo se acreditan y compulsan a resultados vencidos. Gracias a las garantías acumuladas en años anteriores por Creus y Xavi Pascual, el Barcelona ha sido capaz de soportar la crisis correspondiente a comenzar la temporada ACB perdiendo siete de los primeros catorce partidos. Ahora el club azulgrana está donde debe en tiempo y manera. Hubo un tiempo en el que el Barcelona se encomendó a Tomic, esperó a Lorbek y a Marcelinho y creyó en la medicina y la regeneración celular en el caso de Navarro. Meses después todos se han reunido en Vitoria con la intención de celebrar.

Cambio de chip. No se ha encontrado el Valencia en esta Copa con un rival capaz de responder a sus posibles ni a su sobriedad. Si al Estudiantes le faltó English, al Gran Canaria le faltó fe y toda la documentación propia: su defensa exterior, el rigor y la autoridad de Nelson, el carnaval y la desinhibición canaria ante las dificultades. El equipo de Perasovic se sobrepuso por convicción otra vez a los errores en los primeros tiros (1/10 contra Estudiantes, 4/14 contra Gran Canaria). Para la cuarta final de su historia en la Copa, el Valencia no puede permitirse cinco minutos de dudas ni ahondar en debilidades ajenas.

Dos palos diferentes. Doellman, que a sus 28 años puede presumir de haber jugado cada año mejor que el anterior, cumplió con el afán de superación que le caracteriza en las últimas veinticuatro horas. Su mal partido del viernes se fue al limbo con su actuación de la semifinal, dejando en evidencia los créditos defensivos de Nelson y Báez. Faverani es menos previsible como buen gaucho de Porto Alegre. En dependencia de cómo se levante y qué pie baje primero de la cama puede darle el domingo a Tomic y compañía.