Opinión

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Yo digo Juan Mora

Un Bernabéu en pie para recibir al Manchester

Hace diez años que llevo esperando la visita del Manchester para hacer esta petición. Diez años para devolver al Manchester la ovación que sus seguidores dedicaron a los tres mil madridistas que se desplazaron hasta Old Trafford para presenciar el 23 de abril de 2003 el partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions. Tuve la fortuna de asistir a aquel encuentro. Lo que vi en Old Trafford me dejó tan impactado que escribí esas sensaciones en el AS.

"No me pregunten quién empezó. Si un aficionado del Manchester que quiso mostrar su reconocimiento hacia el Madrid, lanzando un aplauso hacia los tres mil madridistas que permanecían en las gradas, o si fue uno de éstos quien aplaudió a los ingleses cuando abandonaban el campo. Merecido se lo tenían. Que Old Trafford despidiera a Ronaldo puesto en pie y que ovacionara al Madrid tras haberle despojado de la ilusión de jugar la final de la Champions en su casa son gestos difíciles de olvidar. El caso es que alguien prendió la llama y el fuego prendió de inmediato entre las aficiones. Las dos se intercambiaron aplausos durante unos minutos eternos. Eran momentos de gran emotividad. Se producía el hermanamiento entre dos aficiones que habían compartido el fútbol con un ideal común, el sentimiento.

El sentimiento es el estado afectivo que causan en el ánimo cosas espirituales. No me pregunten qué tienen que ver las cosas espirituales con el fútbol, pero sí viví esa sensación en Old Trafford. Cuando alguien lo llamó el Teatro de los Sueños sabía lo que hacía. En Old Trafford se vivió una admiración entre las dos aficiones. La del Manchester hacia la del Madrid, porque tiene el mejor equipo del mundo; la del Madrid hacia la del Manchester, porque tiene la mejor afición del mundo. Y producto de esa fascinación mutua se desencadenó un torrente de emociones.

La afición del Manchester fue capaz de aplaudir a su verdugo y a sus seguidores. No hubo policía para protegerles a la salida del campo. Fueron los propios ingleses quienes les hicieron un pasillo de honor hasta los autobuses para darles la enhorabuena e intercambiar bufandas y camisetas. Si algún día quiere enseñar a sus hijos cómo comportarse en un campo de fútbol lléveles a Old Trafford. Yo lo hice".

Diez años después llega el momento de pagar esa deuda que tenemos con el Manchester. No seré el único. Luis Canet, de la peña Gran San Blas y testigo de aquel partido, también quedó impactado por el comportamiento de los seguidores del Manchester. Me cuenta que su agradecimiento irá más allá de su aplauso en el Bernabéu: hoy acudirá hasta Barajas, cogerá un grupo de aficionados del Manchester y se ofrecerá para hacerles de anfitrión, invitación a comer incluida en su restaurante. "Aquello, amigo Juan, no se olvida", me dice. "El Manchester tiene que saber que aquí también tenemos una afición de señorío".