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Cuando los ídolos se tambalean, empieza la película de terror

Pistorius, el nuevo OJ Simpson. Desayunamos ayer con una mueca de incredulidad. Oscar Pistorius, el máximo ejemplo de superación deportiva a nivel mediático, era detenido en Pretoria acusado de asesinar a su pareja. Pusimos la misma cara de bobos que pusieron hace 19 años todos los que escucharon que el gran ídolo del fútbol americano era arrestado acusado de asesinar a su ex mujer y a un amigo de ésta. Se llamaba OJ Simpson y era el deportista modelo. En ambos casos, la opinión pública fue incapaz de digerir la frontera que separa a un deportista sensacional de un humano imperfecto.

El Doctor Mabuse del pelotón. En España estamos viviendo una parecida catástrofe. El Juicio de la Operación Puerto que destapa una manera de actuar más digna de una película de Tarantino que de un deporte: Bolsas de sangre en Tetra Bricks de vino Don Simón, inyecciones de hemoglobina de perro o de ternera, según el día, polvos en el pene para disimular controles, visitas a hoteles donde ganchos del cuadro sostenían bolsas de sangre para hacer transfusiones que viajaban en el asiento de atrás del Porsche de un Doctor Mabuse que creyó que los humanos nunca descabalgarían a los héroes.

Twitter terror en directo. Si quieren vivir mañanas animadas, conéctense a la cuenta de twitter de cualquier periodista que cubra el juicio de la Operación Puerto. Si tengo que recomendar una, me quedo con la de nuestro compañero @Juan_Guti. Explica el horror en tiempo real. Él, precisamente, fue el primero en denunciar en este diario que algo olía a podrido. Puso sobre el tapete con el testimonio de Manzano que los héroes eran tristes humanos. Los demonizaron a ambos. Eran unos locos. ¡Ja! La jueza aún alucina. Su único delito fue convertir un cuento de Disney en una peli gore. Al final, hasta el patrone de todo el cotarro, Armstrong, acabó cantando la Traviatta.

El ocaso de los normales. En Barcelona, por contra, se avecina el ocaso financiero de una serie de gente que nunca fueron héroes ni lo quisieron ser. Enseñaron desde el inicio todas sus flaquezas y exhibieron, en especial Laporta, todos los defectos y virtudes de los mortales. Ahora les llega un cadalso económico del que se defienden desde los 140 caracteres de twitter contra una falange de abogados expertos en derecho deportivo y están en manos de una señora con una espada y los ojos vendados.