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Cristiano: de Di Stéfano a Santillana

Los ecos del Madrid-Manchester, ese enorme partido, aún resuenan por Europa como los de un trueno que rebota entre desfiladeros. Y se habla sobre todo de Cristiano y de su gol, ese cabezazo a 2,93 metros de altura, sólo doce centímetros menos que una canasta de baloncesto. Un gol que habla del poder de este jugador, que tiene la velocidad de un extremo de los de antes, el salto y el cabezazo de los buenos delanteros centro de antes aún y la potencia de disparo de los grandes de todas las épocas. Cristiano era la baza buena del Madrid antes del partido de ida y lo es más aún antes del de vuelta.

Ese cabezazo nos ha hecho desempolvar algunos de Santillana, particularmente uno ante el Inter, muy recordado tanto por la dimensión del partido como por la del salto. Últimamente algunos goles de Cristiano habían recordado a Di Stéfano, porque nacían en el área propia, jugadas que empezaban en un quite, se prolongaban en una o dos paredes y acababan en llegada centelleante y remate certero. Pero el que marcó ante el United recordó a los de Santillana por la espectacularidad del salto y la magnífica forma en que la cabeza conectó con el balón, percutiéndolo con potencia rabiosa.

Menudo jugador. Extremo, interior, delantero centro. Al Madrid le están fallando Benzema e Higuaín, dos excelentes delanteros en horas bajas. Les hemos visto disputarse el puesto en plenitud, y entonces daba pena pensar en el que se quedaba fuera. Ahora crea dudas el que está dentro, sea el que sea. Antes empataban a mucho, ahora empatan a poco. Ese bajón de ambos (que espero pasajero) hace aún más notable la persistencia de Cristiano en la excelencia. Nunca baja el tono, nunca baja los brazos, nunca le invade el desánimo. Europa habla hoy de él y en Old Trafford le temen. Con razón.