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Opinión

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Generación en peligro de extinción

Escuchando a Óscar Tunjo, un crío metido en un deporte de hombres, podía percibir su ilusión, su enorme entusiasmo, sus ganas de conquistar la gloria. Maravillosa inocencia de la juventud, tan ajena a los entresijos de un mundo a menudo muy diferente a cómo lo habíamos imaginado. Porque ante esa ambición de campeón tampoco pude evitar pensar en los escollos que se encontraría este precoz colombiano en su camino y que ahora, creo, son más que nunca a causa de esta crisis que nos trae de cabeza y nadie se atreve a vaticinar cuándo podremos dejar atrás...

Porque Óscar, como tantos otros pilotos, tendrá talento, ganará carreras y campeonatos, se esforzará y puede que, con mucha fortuna, se asome a esa anhelada puerta de la Fórmula 1, una competición tremendamente exigente, quizá incluso antes de haberse convertido en veinteañero. Y entonces, ¿qué? De poco le servirán todos sus avales si le falta uno: el financiero. Porque si las cosas no cambian en los próximos años (ojalá que sí y no sólo por esto), la llave para poder aspirar a disputar los grandes premios seguirá en posesión de un patrocinador o de un padre multimillonario. Y así podremos hablar de una generación perdida...