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Nadal, por el buen camino

Hace ocho años, Nadal alzaba el trofeo de campeón en Sao Paulo. El segundo trofeo de su carrera, después del de Sopot. De Nadal, por aquel entonces, ya se hablaban maravillas. Que fuera sobrino de Nadal, el jugador del Mallorca y del Barcelona, le ayudó en su popularidad, mas por poco tiempo. Puede decirse que fue un jugador revelación, porque a los 15 años ya ganaba a los profesionales, y dos años más tarde conquistaba su primer trofeo del circuito profesional. Ahora vuelve a realizar el mismo camino que en su adolescencia. Campeón en Sao Paulo, donde no jugaba desde aquel 2005; a continuación vendrá Acapulco, donde también ganó ese año. Se trata de una gira modesta, y a Nadal no se le han caído los anillos por realizarla.

Es más, la inició en Viña del Mar, donde nunca había jugado, y ahora la prosigue por estos torneos de nivel medio, porque necesita, más que los puntos y los trofeos, la confianza. No hay que pensar que así ya podrá. En absoluto. El riesgo es grande. Lo vimos en Viña del Mar, donde perdió con Horacio Zeballos, lo que dio a este jugador la oportunidad de alzar el primer torneo de su vida. Ayer derrotó a Nalbandián, jugador de mayor prestigio, pero que reapareció en Sao Paulo después de seis meses lesionado. Nadal está ganando, sí, pero a la vez asume un gran compromiso, porque pone toda su confianza y todo su prestigio en manos de rivales ante los que no puede perder. La cosa, de momento, no va mal, pero queda una barbaridad.