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No seremos idiotas, pero...

Hamilton contó sus experiencias con el dopaje, y repitió prácticamente paso por paso el testimonio de Manzano de la pasada semana. Tampoco se podían esperar muchas diferencias, porque ambos tuvieron como médico a Eufemiano Fuentes. Si acaso la única era que a Manzano el tratamiento se lo pagaba el Kelme, y Hamilton se lo costeaba él, porque los equipos comenzaban a no querer saber nada del asunto, escandalizados como estaban los patrocinadores. Pero las extracciones, las reinfusiones, las bolsas, los códigos, el ir y venir por las habitaciones, los productos dopantes, los malestares, etc, eran los mismos para un gregario que para un campeón olímpico. Eran clientes de Eufemiano, y éste les atendía. Si bien o mal, ésa es la cuestión.

Por eso lo que se juzga en este proceso es un presunto delito contra la salud pública, pero no seamos idiotas, aquí lo que se está comprobando es que había dopaje a espuertas. "¿Pero usted veía, tenía constancia de que a sus compañeros también les hacían transfusiones, alguien se lo reconoció, ustedes lo hablaban?", vino a preguntar la juez a Hamilton. Y éste dijo: "Idiota no soy". La juez consideró innecesario el calificativo y le invitó a contestar con mayor precisión. Entonces apuntó a Santi Pérez. Pero como idiotas no somos, tampoco es sólo Santi Pérez. Aquí, gracias a este proceso, se comienza a ratificar cuanto se sabía, y como nada se oculta, sino que se confirma, es de esperar que nuestra imagen comience a cambiar. Que esto sólo sea el principio.