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Ambrosini, capitán de la humildad

Se produjo el milagro. Lo que buscaba el Milán se ha logrado de la manera más increíble que todos los aficionados rossoneri podían imaginar. No solamente el Milán ha ganado, sino que le ha metido dos goles al Barça sin encajar ninguno y, además, con el portero Abbiati sin apenas una intervención. El fútbol es así, un engaño que divierte por desmentir todos los pronósticos, aunque siempre al fondo tenga una explicación. El Milán ha ganado por méritos, porque sabiendo que no entraba en el campo como favorito ha disputado un partido de máxima concentración con un espíritu de equipo y una humildad que ha sido la clave ganadora. Messi pareció un fantasma, pero no solo él ha decepcionado, sino la presunción de un equipo que ha esperado demasiado para marcar su teórica superioridad. Los goles de la victoria llevan el nombre de Boateng y Muntari, pero el símbolo de este triunfo es el capitán Ambrosini, veterano de 35 años, el último, junto al portero Abbiati, que se mantienen del equipo que ganó su última Champions en 2007. Ahora falta el segundo tiempo de este partido de 180 minutos, pero el milagro ya parece muy cercano. El Camp Nou será un infierno, pero el diablo rossonero sabe vivir bien en el infierno.