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Opinión

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El primero al que vi 'caracolear'

La primera imagen que me alcanza la memoria con Amancio en el campo se remonta a 1973. Eso quiere decir que, por desgracia, sólo pude disfrutar de los tres últimos años de carrera de El Brujo. Aunque los que saben dicen que ya era un delantero decadente, a mí me fascinó. Actuaba siempre pegado a la banda derecha y hacía eso que mi padre llamaba caracolear. El asunto consistía en levantar varias veces las dos piernas por encima de la pelota con amagos incluidos, consiguiendo que el defensa de turno fuese de derecha a izquierda hasta acabar con la cintura rota sin que Amancio llegase siquiera a tocar el esférico.

Ese genio fue años antes, en palabras de eruditos en la materia como Relaño o el maestro Salazar, la gran estrella futbolística con DNI español. En los 60, este gallego pequeño pero con piernas de roca, lideró la transición post-Di Stéfano y encabezó con su arte y sus goles a aquel campeón de Europa de los Ye-Yés, único formado por once españoles. Amancio era nuestro Pelé blanco y Santiago Bernabéu le cuidaba consciente de que era un jugador diferente y diferencial. Ya no quedan apenas futbolistas con el concepto del regate metido en sus venas. Hoy en día, El Brujo tendría un precio incalculable por su capacidad de desbordar en el uno contra uno. Sería muy bueno que Florentino y Lendoiro organizasen un gran homenaje común que, además, sirviese para unir a deportivistas y madridistas. Amancio, sin duda, se lo merece...