Opinión

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Mil maneras de 'morir'

Este Atlético-Espanyol tuvo el dudoso honor de convertirse en la derrota 1.000 de los pericos en Primera. El primer equipo que alcanza tan mágica cifra (también el quinto que más partidos ha disputado). Y condensó algunos de los males que acompañaron al Espanyol la mayoría de veces que perdió: un penalti justito, el mal de altura por el mero hecho de jugar fuera y el sentimiento de inferioridad, aun cuando en esta ocasión no lo era tanto. Y menos contra diez, aunque Costa jugaba por dos.

El pecado del Espanyol anoche fue de autoestima. De entrada sí fue meticuloso, salió a defender el 0-0, a sabiendas de que sólo una genialidad o un imprevisto es capaz de romper el orden perfecto. Pero en este caso sucedió lo segundo: un imprevisto en forma de penalti. Luego, contra diez, faltó precisamente orden, pero en ataque, la velocidad de los anteriores partidos y la efectividad. El consuelo es que el fútbol está siendo justo con Aguirre, que sólo ha perdido sus dos peores dos partidos.