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Cristiano dio un puñetazo en la mesa

Gran noche para el Madrid, que se mete en la final de Copa con un resultado holgado en el Camp Nou. Y no sólo eso: el enorme enemigo con el que mantiene un pulso terrible da verdaderos síntomas de agotamiento. El Madrid, en cambio, ofreció una buena versión de sí mismo, muy bueno en lo táctico y en disposición colectiva, con Di María mejorado, con todos en buen tono y con su estrella, Cristiano, colosal, dominador, poderoso, decisivo. Al revés que el Barça, desparramado, sin control, sin Messi, con solamente Iniesta en su mejor versión. Lo suyo es imponente: nada le distrae de su buen juego.

Ha sido la primera verdadera buena noche del Madrid esta temporada. En la Liga se despistó pronto, en la Champions pasó el grupo sin mayor gloria (segundo), ante el United cedió un empate peligroso, en la ida con el Barça se quedó en un 1-1 gracias a varios fallos de contraataque de los culés. Pero anoche todo eso quedó borrado. Ganó con una superioridad plena, en juego, en físico, en planteamiento. Dejó, ante los ojos del mundo, una verdadera sensación de superioridad sobre el Barça y Cristiano dio un puñetazo en la mesa. Messi fue uno más en un grupo perdido, él fue el héroe del equipo ganador y finalista.

Y vuelvo al Barça. Creo que Roura se equivocó en la víspera, al desviar a sus jugadores del carril del juego al de la atención al árbitro y a la protesta. Pero quizá no fuera solo eso. El Barça ha entrado en un bache en lo más agudo de la temporada, ha perdido el hilo de su juego. No fue el equipo que se agrupaba en torno a Xavi, esperando las genialidades de Iniesta y Messi. Se metió en un correcalles absurdo del que no podía sacar nada, menos aún si Messi se había dejado la lámpara de Aladino en el vestuario. A Roura le ha caído encima una buena. Para su suerte, tiene la Liga en la buchaca. Pero esto no es el Barça.