Opinión

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La final de Copa y el sainete de cada año

Joaquín Maroto, que anduvo ayer indagando el asunto, ha llegado a la conclusión de que la final de Copa se jugará el viernes 17, a las 21:30, en el Bernabéu. Si Dios quiere, el tiempo no lo impide y la Autoridad no lo prohíbe, como dictaban los viejos carteles taurinos. A tal fumata blanca se llegará, eso me asegura Maroto, en la reunión a celebrar hoy en Las Rozas. El Madrid tenía la extravagante pretensión de que se jugara fuera (el Bernabéu lo consideran gafe para finales, el Calderón lo consideran una concesión), Cerezo quería el Calderón, que le parecería justo por un criterio de alternancia.

Lo curioso es que hayamos andado otra vez así. En principio estaba fijada para el sábado 18, pero TVE no quería, porque tiene ese día Eurovisión. Entre viernes y domingo se prefiere el viernes porque el fin de semana coincide con la jornada 36 de Liga, a la que la final chafaría más el domingo que el viernes. Se ha llegado a pensar en el miércoles 15, San Isidro, pero ese día es la final de la Europa League y la UEFA no lo vería bien. A todo esto, ¿qué se hace con los partidos del Madrid y del Atlético de la jornada 36? Pues se juegan entre semana antes de la jornada 35. Ahí quedó un espacio libre.

Un horror, en fin. El ideal de que la final de Copa tenga fecha y escenario previstos con tiempo, y que la fecha sea el fin de semana anterior a la final de Champions, como fiesta de despedida nacional del curso, sigue lejano. Llegados a circunstancias como esta me cuesta mucho entender por qué año tras año tenemos que andar así. ¿Es tan difícil? Los países a nuestro alrededor lo hacen bien. Pero tanto enjuague de intercambio de favores, tantas fobias cruzadas y mal arbitradas y tanto desprecio a la Copa frente a la Liga nos llevan cada año a vivir este sainete. Me aburre y me resulta desagradable.