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Mourinho empieza a despedirse

Mourinho empieza a despedirse

El bueno de Mourinho, que tiene su espacio feliz en el Canillas, club madrileño de barrio en una de cuyas divisiones inferiores juega su hijo, se ha sincerado allí. Ha dado a conocer a entrenadores, padres y directivos su decisión de dejar el Madrid a fin de temporada. Ya lo había anunciado José Ramón de la Morena en El Larguero hace algunas semanas. Mourinho ha pactado su salida del Madrid a fin de curso, gane lo que gane o pierda lo que pierda. A salvo de vuelco en una eventual final de Champions, podrá presumir, haciendo caso omiso de esta Liga, de que le ha metido la gran lanzada al Barça.

Peculiar personaje este Mourinho. Estupendo entrenador, aborrecible personaje. Llegó al Madrid en un tiempo de trauma, cuando el Barça ocupaba el centro de la escena mundial, poseedor de soluciones aparentemente definitivas. Nunca vi al madridismo tan desconcertado. Mourinho llegó en un tiempo histórico en el que las ilusiones y las fobias habían cambiado, todas ellas, de acera. El Barça ha tenido en este tiempo todo lo que antes tuvo el Madrid: la cantera, el poder, la confianza, el prestigio. Al Madrid le quedó lo que antes tuvo el Barça: la queja, el descontrol, el fichaje más caro de cada año.

Se supone que eso lo ha revertido Mourinho. Parece, sí, no lo niego, pero no está confirmado. Me pregunto por qué no quiere rematar esa tarea. ¿Miedo a que el futuro desmienta esa impresión? ¿Desesperación de un presidente que no ha sabido inducirle a una conducta correcta? Eso lo sabrán ellos dos. El caso es que Florentino prepara un cheque de diez millones, sin dolor, porque no son suyos ni de ACS, sino del Real Madrid, para quitárselo de encima. Y él sueña con retirarse con la Décima en alto, haciendo una pedorreta 'urbi et orbi' y marchar en busca de nuevos horizontes. Todo sea por la Décima.

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