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Kopa, adiós al Napoleón del Fútbol

Kopa, adiós al Napoleón del Fútbol

Fue el pasado 7 de enero. Raymond Kopa (Noeux-les-Mines, 13-10-1931, Angers, 03-03-2017) aparecía por última vez en el estadio Santiago Bernabéu. El Napoleón del fútbol acompañaba, junto con el resto de jugadores que habían ganado el Balón de Oro vistiendo la elástica del Madrid, a Cristiano en el acto en el que el portugués ofrecía su cuarto Balón a los aficionados blancos antes del encuentro matinal contra el Granada.

Nacido en el seno de una familia de emigrantes polacos instalada en el norte de Francia, Raymond Kopaszewski, su verdadero apellido al que luego acortó a los 18 años de edad al tener que elegir entre la nacionalidad polaca o francesa, empezó a trabajar en una mina de carbón. Debido a un accidente, le tuvieron que amputar el dedo izquierdo de su mano izquierda.

Era menudo pero a la vez inquieto, lo que le convirtió en un excelente jugador. Ingresó en el Angers, desde donde se convertiría en un excelente jugador. Siendo joven y viendo su calidad, fue inscrito en un concurso de jóvenes jugadores que promovía la Federación Francesa. Aunque no lo ganó, demostró toda su capacidad, lo que le catapultó a las filas del Stade de Reims, club al que llegó en 1951. Precisamente con este equipo (en el que jugó en dos etapas) es donde alcanzaría el cenit de su fútbol. Con el Stade de Reims jugaría la primera final de la Copa de Europa en 1956, justo antes de incorporarse al Madrid (además ganó dos Ligas en esa primera estancia). Con el conjunto remois, y con jugadores de la talla de Glovacki, Hidalgo, Templin... forjaron lo que se denominó fútbol-champagne: un juego eléctrico y efectivo con el que se ganó la admiración y el respeto de la Europa futbolística.

En 1956 firmó por el Real Madrid. Fue un fichaje espectacular en aquel momento. Había jugado en el homenaje a Luis Molowny y llamó poderosamente la atención. Se oía su nombre con fuerza, pero pocos le habían visto jugar. Aquel partido había sido una de sus primeras tarjetas de presentación. Se reunían tres de los mejores jugadores del continente: Di Stéfano, Kopa y Gento. "Poco debe aburrirse el encargado de limpia estas Copas. Menudo trabajo", exclamó al firmar en la sala de trofeos.

Pronto saltó otro problema: Kopa era extranjero. Las disposiciones vigentes no permitían la llegada de jugadores extranjeros desde 1953. Ahí apareció de nuevo la figura de Raimundo Saporta, que supo convencer a las autoridades para que el francés pudiera jugar. Solucionados los problemas, saltó otra polémica:

actuaba en la misma posición que la Saeta. Lo que hizo fue pasarse a la banda derecha, desde donde comandaría la otra parte del ataque. Kopa, que había firmado, nunca llegó a adaptarse del todo a esa posición. Pero ambos congeniaron. El propio Di Stéfano solicitó la nacionalidad española para dejar el puesto de 'extranjero' a Kopa. Éste además, supo asumir un rol secundario respecto al nueve madridista.

En 1958 se convirtió en el primer francés en ganar el Balón de Oro. Y un año después, en 1959, pondría rumbo de nuevo a Francia. Fue por razones personales (su mujer nunca llegó a adaptarse al ritmo de la vida española). Volvió al Stade de Reims, donde volvería a jugar otra final de la Copa de Europa en 1959 y ganar otras dos Ligas, pero el madridismo perdía a un futbolista muy querido por la afición. También participó en los Mundiales de 1954 y 1958, donde lideró a Les Bleus junto con Just Fontaine. Se retiraría en 1966, donde se convertiría en entrenador. De carácter aventurero, llegó a participar en el Rally París-Dakar de 1985. Descanse en Paz.

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