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Un rastro de sangre en el Calderón

Un rastro de sangre en el Calderón

Resulta difícil componer ese titular cuando a estas alturas todavía es tercero de una competición del prestigio de LaLiga, pero las constantes vitales del Sevilla son muy débiles. Ya sin aire, ganó a Eibar, Las Palmas, Betis y Athletic en un esfuerzo conmovedor para tratar de atrapar la tercera plaza. Pero el Sevilla ha sido incapaz de oxigenarse y ha pasado de la mediocridad de Vitoria a la impotencia ante el Leganés y de la profunda decepción de Leicester al baile del Atlético. Por más que Correa marcase el 3-1, el Sevilla salió por piernas de la sobremesa del Calderón dejando un preocupante rastro de sangre por el túnel de la M-30.

Nunca un parón le vino tan bien a un equipo. El Sevilla necesita irse al hospital más cercano para tapar la herida y rehabilitarse cuanto antes. Sampaoli, empeñado en no darle la camiseta de titular a Correa y Jovetic, los dos jugadores con más piernas del equipo, parece algo desorientado. Empezó con un dibujo en el Manzanares y pintó otro al descanso. Su Sevilla, en el que reinó la anarquía, fue un galimatías al final. Al argentino tampoco le ayuda la alarmante baja forma de Nasri.

El francés, uno de los jugadores de la Liga durante dos meses, ha caído. Su ritmo, pastoso como el de Nzonzi o el de Mudo Vázquez (que ya ni aparece en las alineaciones), es el de un equipo que se ha bloqueado, que sólo tiene un objetivo que pelear y que ya no ve tan sencillo superar la mejor puntuación de su historia en la Liga (76 puntos con Emery). Estas ideas tan mecanizadas como las de Sampaoli, que presumen del amor por la improvisación pero están basadas en gran parte en el ensayo y repetición, se resienten cuando una pieza no encaja. El Sevilla sigue en el podio de la Liga, pero necesita otro golpe de autor si no quiere descarrilar.

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